contabilidad de los 90 días para alante y atras

Ray Coneys recuerda a George Feldstein como un hombre del Renacimiento: “Era conduzco, le agradaba el ciclismo, le agradaba la tripulación y tenía un colosal interés por la historia”. Coneys ten en cuenta que Feldstein, el hombre que creó Crestron en una habitación sobre una charcutería de Cresskill, Novedosa Jersey, en 1972, se encontraba en especial fascinado por la historia militar. “Da igual lo que supongas, el hecho es que la tecnología militar frecuenta impulsar el progreso tecnológico”. George Feldstein se encontraba del mismo modo fascinado por el software Apolo de la NASA: su sed de conocimiento era prácticamente insaciable, y siempre y en todo momento se encontraba presto a comunicar lo aprendido. condujo a la evolución de una compañía que en este momento tiene mucho más de 5000 usados en mucho más de 90 áreas de trabajo en el mundo entero. Hoy en día, las resoluciones tecnológicas de Crestron están en las salas de juntas de las compañías mucho más enormes de todo el mundo y en los hogares mucho más suntuosos. Se han instalado en el Pentágono y en la Casa Blanca, en los tribunales y en las salas, e inclusive en los estadios de deportes de las considerables ligas. Coneys se incorporó a Crestron en 1990 y desde ese momento es vicepresidente de habilitación de ventas. Sus recuerdos de Feldstein como extrovertido impulsado por su “necesidad de estudiar/necesidad de educar” están en especial vivos. «George iba en bicicleta, por poner un ejemplo, a un centro comercial, y entablaba charla con un joven valet aparcamiento», afirma Coneys. “Antes que te des cuenta, les ofrecía un trabajo a Crestron. Acostumbraba a ​​regresar locos a varios de los ejecutivos, pero si tenías interés con lo que hacía Crestron, te hallaba trabajo”. Feldstein tenía una visión singularmente de norteamérica sobre la creación de un aparato y, según Coneys, esta visión se encontraba formada con lo que observó a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. “A George le encantaba la iniciativa estadounidense como ‘crisol de etnias’: íbamos a Europa con las camisas desabrochadas y los cascos inclinados hacia un lado, y vencíamos a los pésimos con las armas enormes”, afirma. “¿De qué forma? Éramos renovadores. Éramos los más destacados players de aparato”. Y Feldstein empapó esa noción -esa iniciativa del revolucionario americano y del jugador de aparato- en el ADN de la compañía que creó. Coney. «Esta compañía se apoya en la innovación, pero la innovación siempre y en todo momento está impulsada por la gente», afirma. “George siempre y en todo momento valoró las contribuciones particulares que todas y cada una estas psiques refulgentes aportaban a la mesa. Les dejó presenciar, confundirse y estudiar de esos fallos”.

El primer enorme éxito

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